Geohistoria de los caminos de hierro del estado de Morelos. 1881-1929. Derroteros y márgenes regionales de un problema del sur

MIGUEL ÁNGEL DOMÍNGUEZ CLEMENTE

Con su marca en tierra reservada para la explotación de un efectivo aparato de transporte, los caminos de hierro han consolidado su papel, desde el siglo antepasado, dentro de los modelos de movilidad diseñados para reducir los tiempos de traslado acumulados en la fisonomía de un espacio geográfico. Por supuesto, no se debe pasar por alto que parte de su origen —en lo que se refiere al principio y a la habilitación del desplazamiento guiado— remite a prototipos fabricados de manera aislada en períodos anteriores a la Revolución Industrial, como probablemente ocurrió en la transición del Neolítico a la Edad de Bronce.¹ Pero lo cierto es que no fue sino hasta la década de 1830 que la marcha a vapor de las primeras locomotoras inglesas precipitó en la historia de los transportes una coyuntura de escala global que marcó el inicio de la era del ferrocarril: época centenaria agotada en el primer tercio del siglo XX y dominada por un ágil vehículo de arrastre que, de forma paralela a sus impactos producidos en materia económica, inevitablemente ha incidido —con su paso a ras de suelo— en la reconfiguración de las realidades materiales y colectivas espacialmente localizadas. El contenido de tal premisa aplicada a la historia ferroviaria de México cobra su cuota de valor en términos de un proceso planificado desde 1837 y apenas consumado en su primer objetivo nacional hasta 1873, año en el que la travesía practicada entre el Valle de México y el puerto de Veracruz se intensificó con el arranque de operaciones del primer servicio ferroviario de largo alcance fundado sobre la razón corporativa del Ferrocarril Mexicano. La activación de esa línea involucró, naturalmente, el acondicionamiento topográfico de una ruta de más de 420 km tendida sobre terrenos costeros, valles, serranías, barrancas, ríos y planicies; y a esto se sumó el montaje de estaciones, puentes, viaductos, alcantarillas, túneles y demás obras de arte. De ese modo se articuló todo un esquema de enlace terrestre que alteró los ejes de comunicación y transporte hasta entonces utilizados, y con ello se modificó también el sentido de ocupación, de accesibilidad y de percepción de los múltiples espacios por los que se hizo discurrir a esta primera vía férrea de cobertura interregional.² Como detonador de estudio, lo antes comentado favorece el legítimo planteamiento de un problema de naturaleza histórica, geográfica y sobre todo, de carácter regional. Y es que si bien es verdad que los compromisos de obra y operación ferroviaria de México se han supeditado al cruce nacional y renovable de estrategias políticas, económicas y empresariales, no es menos cierto que en dichas pautas coexisten, en su justa proporción, impulsos situados que se han posicionado como elementos activos frente a este desarrollo y a sus implicaciones, ya sea en razón de una postura coadyuvante, de aprovechamiento situado o de defensa del territorio.

Tipo de documento: Tesis de maestría

Formato: Adobe PDF

Audiencia: Investigadores

Idioma: Español

Área de conocimiento: CIENCIAS SOCIALES

Campo disciplinar: HISTORIA

Nivel de acceso: Acceso Abierto

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